Viajes de trabajo, reuniones en otras ciudades, ferias. El trabajo se hace en los huecos: revisar presupuestos, cuadrar cifras, preparar la documentación de la próxima reunión. El portátil viaja siempre. Las tres pantallas de la oficina, nunca.
Con una sola pantalla, todo se convierte en ir y venir. Dos documentos no caben uno al lado del otro, así que saltas de ventana en ventana, buscas la que necesitas y retomas el hilo. Eso cuesta tiempo. Y cuesta precisión, porque comparar dos columnas de cifras de memoria, en lugar de verlas juntas, acaba en errores.
En la oficina eso estaba resuelto. Fuera, no. Monitores portátiles había, pero ninguno que siguiera en mi maleta después del tercer vuelo. Así que encargué uno. Desde entonces ROVE hace exactamente una cosa: pantallas adicionales que viajan contigo y se montan en segundos.